Los perros comen AVE

Artículo de Joaquín Arce Fernández en el diario El Comercio, 4 de enero de 2017

 

Los que tienen perros quieren alimentarlos. No pueden dejar que se mueran de hambre.

Los gobiernos del PP (y antes, del PSOE) no construyen el AVE para mejorar el sistema de transporte de nuestro país. No es su objetivo principal. Si lo fuera, no harían tanto AVE, sino que seguramente se gastarían los recursos disponibles en actualizar el ferrocarril convencional (menos transportar “fierro”,  con trenes vacíos, como dicen los ferroviarios y más llevar pasajeros y cargas), hacer eficiente y limpia la movilidad en un contexto de cambio climático y mantener en buen estado la red de infraestructuras, ahora muy abandonada.

Los gobiernos españoles quieren AVE por encima de todo, cueste lo que cueste. En otros países europeos, aunque sean más ricos, no se gastan su dinero en AVEs porque lo han estudiado y no lo consideran rentable. Ni social, ni ambiental, ni económicamente. Aquí eso se quiere ocultar. Por eso, no se hacen los análisis coste-beneficio.

Porque el motivo por el que los gobiernos españoles quieren construir AVE a todas partes es dar de comer a sus perros.

Los perros del Gobierno son de dos clases.

Por una parte están las empresas de construcción. En España son grandes y poderosas porque los gobiernos las llevan engordando muchos años. Además se unen en UTEs y forman oligopolios que se reparten, casi sin competir, los millonarios contratos públicos. Su apetito es insaciable y el Gobierno les tiene que proporcionar cada día nuevos contratos, modificados, complementarios, revisiones de precios, liquidaciones, etc. Los sobrecostes jugosos son su plato favorito.

Eso en Alemania no pasa. Los alemanes buscan concurrencia, publicidad, competencia. Prefieren que los contratos públicos (y las empresas que los ejecutan) sean muchos y más bien medianos o pequeños. Así el control de la administración es mayor y la competencia, el precio y la calidad del trabajo de las empresas, mejor. Dividen las grandes obras en lotes especializados y de tamaño adecuado. Hay menos incumplimientos por parte de las empresas y si fallan, en plazos o precio, la administración las puede penalizar y sustituir fácilmente, sin sufrir su chantaje. Las empresas están al servicio de la sociedad, no al revés.

En España el Gobierno prefiere tener perros grandes y gordos. La eficiencia, el coste de oportunidad y el control público son secundarios. Le gusta más que las empresas tengan beneficios. Ya se repartirán.

Los otros perros del Gobierno son los barones, los alcaldes, el PNV y demás tribus con boina, los medios de comunicación acríticos… Todos éstos comen primeras piedras, calendarios de obras, inauguraciones, promesas megalómanas e “ilusionantes”. Para alimentarlos, el Gobierno recorta los servicios públicos básicos, sus competencias fundamentales, se endeuda con la banca (otros perros peligrosos) y destina grandes fondos a proyectos insostenibles como el AVE.

Los gustos de todos los perros coinciden, lo que es una suerte para el Gobierno. Aunque sea a costa de la desnutrición de los ciudadanos.

En Asturias también hemos visto dar de  comer a demasiados perros durante años. Se han construido, con enormes sobrecostes, un macropuerto sobredimensionado y una regasificadora sin utilidad, que ahora habrá que pagar. Se han comprado ostentosos palacios de congresos, minibibliotecas carísimas,  campos de fútbol, museos, carreteras, polígonos industriales, equipos y mobiliarios… que nadie demandaba. Diseñaron un parque periurbano en el Naranco para vestir la compra de una finca inútil a unos millonarios. Intentaron adjudicar, a dedo, un superpalacio de justicia en Oviedo sólo para salvar los resultados de una empresa y como eso lo prohibió la UE, nos olvidamos del palacio, que en realidad no hace falta. Se derrocharon los fondos mineros. Casi construyen una costosa incineradora, si no la llegan a parar los ecologistas en los juzgados. Si todas las inversiones que se hicieron generasen las tasas de rendimiento que deberían ahora seríamos casi ricos.

Y de todos los perros, los más hambrientos, son los del AVE y la variante de Pajares. A ver si de una vez nos damos cuenta, los ponemos a dieta, mandamos a paseo el carísimo proyecto de nueva vía para el AVE entre Lena y Gijón y nos gastamos el dinero público en estudiar, investigar, cuidar bien a la gente y al planeta y hacer inversiones razonables que generen retornos claros.

Dejemos de pagar “farturas” a los perros.

Joaquín Arce Fernández. Economista y ecologista.

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