La PAC, los incendios y los acotamientos al pastoreo.

Artículo de Joaquín Arce en el diario EL COMERCIO 1 de octubre de 2016

 

La  Unión Europea, comenzó a formarse a mediados del siglo XX con la intención de tener un mercado común y conseguir la libre circulación de personas y capitales en Europa. Se pretendía también avanzar hacia la unión política y superar así las guerras y los nacionalismos de la primera mitad del siglo XX, enfermedades sociales recurrentes que todavía sufrimos hoy en día.

Desde el principio se consideró que había que evitar las consecuencias negativas del mercado único en el medio rural. Para ello se puso en marcha una Política Agraria Común (PAC) que sustituía a las políticas agrícolas nacionales o regionales y con la que se pretendía defender al sector primario de la competencia exterior y mantener los precios y  las rentas de todos los agricultores y ganaderos. Durante décadas la PAC fue, con mucho, la principal política de la UE en relación al gasto, consumiendo la mayor parte del presupuesto europeo.

Con los años, el comercio internacional se fue liberalizando en todo el mundo y la PAC, poco a poco, se reorientó hacia el desarrollo rural y la defensa del medio ambiente europeo.

En el siglo XXI la PAC disoció la mayor parte de sus ayudas de la producción y la estabilización de precios (porque era algo que iba contra las normas internacionales de libre comercio) y las vinculó al mantenimiento de rentas de los agricultores y el cuidado del territorio y el medio ambiente, así como a la innovación y el desarrollo rural. En Europa ya no interesa tanto el producir gran cantidad de bienes de consumo a precios determinados como prestar servicios, obtener bienes públicos ambientales y mantener vivo y sano el medio rural.

La PAC redujo su importancia en el presupuesto de la UE (actualmente ya sólo supone el 39% del gasto) y se orientó hacia el apoyo a la producción de bienes públicos como el paisaje, los ecosistemas y los sistemas agronómicos europeos.

Las ayudas de la  PAC vigente para el periodo 2015-2020 en el que nos encontramos, son complejas, pero consisten, sobre todo, en un “pago básico”, por superficie utilizada por los agricultores o ganaderos, que supone en torno al 70 por ciento de la ayuda y un pago “verde” o por “ecologización (respetar las prácticas beneficiosas para el clima y el medio ambiente) que supone, al menos, un 30% de la ayuda. No respetar los requisitos ecológicos comporta sanciones muy elevadas.

Asimismo en la actual PAC los pagos citados se supeditan, por la llamada “condicionalidad”, a que los agricultores y ganaderos cumplan otras normas sobre condiciones agronómicas y medioambientales dirigidas a limitar la erosión del suelo (junto con el agua, el mayor tesoro para la vida), mantener su estructura y los porcentajes de materia orgánica, las normas sobre salud pública, salud  y bienestar animal, uso del agua, plaguicidas y medio ambiente y a garantizar un nivel mínimo de mantenimiento de las fincas por los titulares. Si un agricultor, o ganadero, en el caso más común  de Asturias, no cumple esas normas de condicionalidad, los pagos directos que recibe se reducen parcialmente, o se suprimen.

En este escenario, no se puede entender, salvo por clientelismo cegarato, la propuesta de varios grupos parlamentarios de la Junta General del Principado de Asturias de modificar la Ley de Montes regional para eliminar la obligatoriedad de acotar al pastoreo las zonas quemadas por los incendios forestales, medida que se regula en Asturias desde la Edad Media y que tiene por finalidad permitir la regeneración de los suelos y vegetación dañados por los incendios y desincentivar las prácticas de uso de los incendios para generar o mantener pastos.

Con una cortedad de miras y un electoralismo lamentable, los diputados que promueven este cambio legal ceden a las presiones de grupos de interés que pretenden conseguir más ayudas por superficie pastable para algunos ganaderos engañando a la UE en lo que para todos es más importante en estos momentos: la sostenibilidad ambiental y del clima.  Favoreciendo los incendios forestales y permitiendo que sus daños se agraven, igual se consigue cobrar un poco más por superficie pastable a la UE, muy a corto plazo. Pero estamos seguros de que, a medio plazo, la UE no se dejará engañar. No permitirá que se erosionen y se pierdan los suelos agrarios y forestales de nuestra región, parte de Europa, y se atente contra la biodiversidad por beneficios económicos a corto plazo. Y seguro, que a no mucho tardar, se endurecerán las condiciones para conseguir las ayudas por parte de los ganaderos y se aumentarán los requisitos medioambientales.

Desde luego, si ese cambio legislativo prospera en la Junta General  y los incendios forestales vinculados a la generación de pastos, como es de prever cuando los incentivos cambian, se mantienen o aumentan, los ecologistas asturianos trabajaremos ante la UE para que se apliquen las sanciones que procedan por incumplimiento de la condicionalidad y para que se revisen las líneas de ayuda de la PAC, de forma que se garantice que el resultado no sea obtener mas fondos a costa de lo que sea, ni producir más, sino conseguir el mantenimiento y sostenibilidad de nuestras montañas y sistemas ganaderos.

En la época de la globalización, las montañas europeas, y entre ellas las cantábricas (ejemplos de las tierras marginales típicas que sólo entran en producción en tiempos de escasez) no reúnen condiciones ni deben ser un lugar de producción intensiva  (herbicidas, pesticidas, incendios, residuos sólidos y líquidos…) y erosión y agotamiento de los recursos básicos para la vida, como el suelo. No tendría sentido ni económico ni ambiental. La montaña debe ser un lugar de conservación de paisajes y ecosistemas, de generación de aire puro y agua limpia, de lucha contra el cambio climático, de producción de alimentos ecológicos con denominación de origen y de servicios de ocio, turísticos y ambientales.

Si la ganadería asturiana no es capaz de cumplir con esos objetivos medioambientales que los europeos necesitamos alcanzar, a medio plazo se encontrará en el mismo caso que la minería asturiana: deberá enfrentarse al futuro sin subvenciones de la UE, compitiendo, si pueden, en calidad y precio con los productores del resto del mundo o deberá ver como se van cerrando gran parte de sus explotaciones.

Por eso, la decisión es nuestra y los acotamientos al pastoreo son cruciales en este asunto. O optamos por forzar la PAC para intentar obtener más ayudas a corto plazo eliminando los acotamientos, saltándonos las normas y quemando nuestros montes como en el neolítico y con ellos, nuestro porvenir…. o asumimos y nos creemos, de verdad, como tiene que ser el futuro de Europa y de la Tierra, y avanzamos decididamente de la mano de la UE hacia la sostenibilidad medioambiental y la conservación del suelo, el agua, el clima, las especies y los ecosistemas. Esperemos que nuestros ganaderos y políticos sepan escoger el camino correcto.

 

Joaquín Arce Fernández

Ecologista y economista.

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